EL DÍA QUE CONOCÍ AL MEJOR NADADOR DE LA HISTORIA

Era el 28 de Diciembre del 2006 cuando tenía 13 años, y como todos los años viajábamos desde Monterrey hasta la Ciudad de México para celebrar año nuevo con la familia de mi papá. Como el viaje en carro era largo, por lo general nos deteníamos en San Luís Potosí para descansar una noche en un hotel que está junto a La Loma Centro Deportivo. No está en una zona turística, pero teníamos acceso a las instalaciones y siendo una familia de nadadores aprovechamos la estancia para nadar un poco.

Normalmente nos pasábamos directo a la alberca, pero ese año nos ofrecieron un recorrido por todo el club. Todos aceptamos ya que no habíamos visto el centro deportivo completo en los años que lo habíamos visitado. Mientras admirábamos el lugar, la guía nos estaba contando de los diferentes atletas olímpicos que han entrenado en las instalaciones.

– “…Ana Guevara también estuvo aquí”, nos decía la guía. “Este año nos visita la selección nacional de Estados Unidos y traen consigo a un nadador muy famoso”.

Todos nos volteamos a ver. “De pura casualidad se llama Michael Phelps?”, preguntó rápidamente mi mamá.

– “La verdad no sé cómo se llama” contestó la guía.

Yo sí entendí porque ella no supo quién era. Phelps ya era un nadador reconocido para aquellos que admiraban la natación, pero esto sucedió dos años antes de que ganara las 8 medallas de oro en las olimpíadas de Beijing 2008, donde sería reconocido mundialmente como el mejor atleta de la historia.

Finalmente pasamos por la alberca y nos empezamos a emocionar. Rápidamente nos desilusionamos al ver el lugar vacío. La guía nos empezó a encaminar de regreso al hotel para recoger nuestras cosas cuando de repente mi mamá nos dijo que volteáramos a ver a la cafetería. Todos nos emocionamos. Mi mamá empezó a gritar como adolescente en un concierto de Justin Bieber.

En la cafetería estaba comiendo el equipo completo de Estados Unidos. Alcance a reconocer a unos nadadores famosos como Ryan Lochte, Dara Torres, y finalmente a Michael Phelps. Nos apresuramos a entrar. Mis padres trataban de presentarse con su pésimo inglés. Mi mamá no dejaba de estrujar su mano y yo pude notar como Phelps trataba de soltarla mientras sonreía incómodamente. Me empezó a dar pena.

– “Ya suéltalo mamá!”, le dije en voz baja. Ella empezó a reír. Yo no.

Mi mamá agarró su cámara, ya que en ese entonces no contábamos con smartphones. Nos acomodamos para tomarnos una foto, pero ella estaba tan nerviosa que no podía prenderla. Una parte de mí quería que me tragara la tierra de la pena, la otra parte no le importaba ya que mi ídolo me estaba abrazando.

Finalmente pudo tomar la foto e inmediatamente la cámara se apagó por la baja batería. Nos despedimos y nos retiramos hacia nuestro hotel. Estábamos tan emocionados que se nos olvidó saludar a los otros nadadores famosos que se encontraban en el lugar. Al llegar a nuestra habitación mi mamá cambió rápidamente la batería de la cámara y nos reunimos todos para ver cómo había salido la fotografía.

Fue una experiencia irreal que marcó mi vida. Phelps ha inspirado a millones de nadadores en el mundo, incluyendo a mis hermanas y a mí. No podíamos esperar a que terminaran las vacaciones para regresar a entrenar y prepararnos para el nacional del siguiente año. Todos necesitamos a alguien a quién admirar y nos motive a superarnos cada día.

Lo primero que hice al regresar a casa fue poner la foto de perfil en mi Facebook y aún me encanta presumir esta fotografía hasta la fecha.